¿Quién gana? ¿Quién pierde?

Luego de la visita del Embajador Ronald Johnson a tierras queretanas, me hago una pregunta: ¿en verdad a los queretanos les importa el discurso de “entreguismo” y “vende patrias” cuando se trata de seguridad?

Los señalamientos desde Palacio Nacional y desde la Cuarta Transformación son claros: se busca instalar la narrativa de que quienes colaboran con Estados Unidos están, de alguna manera, jugando del lado equivocado.

Y es que nuestros vecinos han puesto el dedo en la llaga. Desde el regreso de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos, el discurso desde Washington ha insistido en el poder que tienen las organizaciones criminales en México y en la necesidad de que nuestro país haga más para combatirlas.

Para Morena, esta presión estadounidense se ha convertido en un problema político importante. En los últimos meses, distintos actores vinculados al partido han quedado bajo los reflectores de Washington, desde restricciones de visas hasta señalamientos e investigaciones relacionadas con presuntos vínculos con organizaciones criminales.

Por eso resultó tan sencillo desestimar la posibilidad de un acercamiento con el embajador Ronald Johnson y cuestionar un proyecto que busca profesionalizar a policías mediante capacitación y cooperación con agencias estadounidenses.

Pero aquí hay otro elemento que no debería perderse de vista: el marco legal.

La cooperación de los Estados con gobiernos extranjeros en materia de seguridad tiene límites y procedimientos establecidos por la legislación mexicana. Y justamente ahí está una de las preguntas centrales de este episodio: ¿hasta dónde puede llegar un gobierno estatal cuando busca cooperación internacional en materia de seguridad?

Pero vayamos a lo que quizá importa más.

Al queretano que sale todos los días a trabajar, que busca una vida mejor y que, como millones de mexicanos, también vive con preocupación por la inseguridad, ¿qué tanto le importa la batalla política entre México y Estados Unidos?

O, mejor dicho: ¿qué prefiere?

¿Una policía con acceso a capacitación y cooperación internacional, incluyendo experiencia de agencias estadounidenses, para enfrentar a grupos criminales que también se profesionalizan?

¿O una policía que limite esa cooperación porque, en el actual escenario político, Estados Unidos es visto como un adversario de la Cuarta Transformación?

Ahí está el verdadero dilema.

Porque mientras los políticos discuten soberanía, cooperación, narrativa y relaciones internacionales, el ciudadano quiere algo mucho más sencillo: salir de su casa, trabajar y regresar con bien.

Entonces, después de todo este embrollo, la pregunta permanece:

¿Quién gana?

¿Quién pierde?

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