El Batán se asfixia entre lirio; ciudadanos denuncian indiferencia de Conagua

En la delegación de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) en Querétaro, las respuestas parecen agotarse al mismo ritmo que el oxígeno de la presa El Batán. Mientras el lirio acuático continúa apoderándose del embalse, los peces mueren, los habitantes exigen auxilio y la autoridad federal sigue refugiándose en el mismo argumento: no hay dinero.

La dependencia encabezada en Querétaro por José Gerardo Sinecio Ríos ha reconocido públicamente que carece del presupuesto suficiente para atender la invasión de lirio en las presas del estado. Sin embargo, para los habitantes afectados, la falta de recursos no explica por qué durante semanas nadie ha sido capaz siquiera de recibirlos, escucharlos o presentar un plan de acción.

La crisis dejó de ser ambiental para convertirse en un problema de gobernanza.

Desde marzo, el municipio de Corregidora alertó que aproximadamente el 60 por ciento del espejo de agua de la presa El Batán estaba cubierto por lirio acuático. La advertencia fue pública. La responsabilidad legal de intervenir también era conocida: corresponde a Conagua por tratarse de un cuerpo de agua federal.

Pese a ello, los meses transcurrieron sin una estrategia visible de contención.

Mientras el lirio siguió multiplicándose, la respuesta institucional quedó reducida a declaraciones sobre limitaciones presupuestales y futuras gestiones de recursos.

Para los vecinos, la omisión ya tiene consecuencias.

“Llevamos más de un mes y medio viniendo a Conagua. Nos hacen esperar durante horas y al final nadie nos atiende. No hemos encontrado ni respuesta ni apoyo”, denunció Abigail Moreno, habitante de Corregidora.

La afectada aseguró que el deterioro de la presa ya es evidente.

“Nuestros peces ya están muertos. No hemos visto ningún operativo, ninguna limpieza ni ninguna acción de la autoridad federal. Por eso estamos aquí, porque simplemente nadie hace nada”, afirmó.

La inconformidad ciudadana no se limita al daño ambiental.

Moreno cuestionó que, mientras existen recursos para desarrollar proyectos relacionados con El Batán, la atención a la emergencia siga postergándose.

“Si hay dinero para otros proyectos, también debería existir presupuesto para atender una presa que hoy se está muriendo. Nosotros también somos ciudadanos y merecemos ser escuchados”, reclamó.

Las declaraciones exhiben un problema que trasciende el presupuesto: la ausencia de una autoridad capaz de responder frente a una emergencia que pudo atenderse antes de alcanzar las dimensiones actuales.

Porque, si la falta de recursos explica la demora en una obra de gran magnitud, difícilmente explica por qué los ciudadanos permanecen semanas enteras sin ser recibidos por la institución responsable.

Esa percepción comienza a convertirse en uno de los mayores costos para la delegación encabezada por José Gerardo Sinecio Ríos.

Mientras la Conagua sostiene reuniones sobre el futuro hídrico del estado y participa en proyectos estratégicos para garantizar el abastecimiento de agua en Querétaro, uno de los embalses considerados relevantes para esa planeación permanece cubierto por una plaga invasora que avanza sin control.

Cada día que pasa sin una intervención integral incrementa el costo de recuperación de la presa, deteriora el ecosistema y alimenta la percepción de que la dependencia federal reacciona únicamente cuando la presión social alcanza niveles insostenibles.

Los propios habitantes aseguran que ya analizan nuevas manifestaciones.

“Nos estamos organizando porque necesitamos respuestas. Si aquí no nos van a resolver, que al menos nos digan quién lo hará. Lo que no pueden hacer es seguir ignorándonos”, advirtió Abigail Moreno.

La administración de José Gerardo Sinecio Ríos enfrenta así uno de sus episodios de mayor desgaste público.

No solamente por reconocer la falta de presupuesto, sino porque, a juicio de los afectados, la dependencia tampoco ha mostrado capacidad de gestión, cercanía con la ciudadanía ni una estrategia clara para enfrentar una crisis ambiental que estaba plenamente identificada desde hace meses.

Mientras los oficios se acumulan, las gestiones siguen su curso y las explicaciones se repiten, en El Batán el lirio continúa extendiéndose sobre el agua, los peces siguen muriendo y la respuesta de la autoridad federal permanece estancada.

En una entidad que enfrenta uno de los mayores desafíos hídricos de las últimas décadas, la pregunta ya no es únicamente cuándo llegará el presupuesto. La pregunta es quién responderá por el tiempo perdido.

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